En esta ocasion nos detendremos para conocer una curiosa leyenda urbana con una moraleja muy clara.

Trayecto: 024

Destino: Madrid

Caso: Leyenda Urbana

¡Por fin! pensó Juan al salir del trabajo el viernes. Llovía a cántaros pero no le importaba, esa noche tenía que ir al aeropuerto a recoger a un amigo que venía de visita.

Juan fue a casa a arreglarse y esperar a que llegara la hora de irse. Estaba un poco nervioso, porque la carretera que tenía que tomar para ir del pueblo en el que vivía a la ciudad no estaba en muy  buen estado y además su coche era bastante viejo con los inconvenientes que ello conlleva.

Llegó la hora y Juan emocionado y algo nervioso comenzó su viaje al aeropuerto, a mitad de camino para su desesperación su viejo coche le dejó tirado. Pasados unos minutos un motorista paró y le preguntó si quería que le acercase a algún sitio, Juan le dijo que necesitaba ir a la ciudad.

El motorista le dijo que para que se mojase menos, era mejor que se pusiese la cazadora  al revés (con la cremallera a la espalda, para que quedara el pecho totalmente cubierto) Juan lo hizo y ambos retomaron el viaje. Quizás por timidez o por incomodidad no iba abrazado al motorista, sino que iba agarrado pero dejando una considerable distancia entre ambos cuerpos.

Llegado un momento el motorista se giró va ver que tal iba su acompañante pero para su sorpresa éste no estaba. Asustado pero con precaución por la intensidad con que caía la lluvia dio la vuelta y comenzó a realizar el mismo recorrido en sentido inverso. Al recorrer un par de Kilómetros observó un coche detenido con las luces de emergencia puestas y sus ocupantes se encontraban fuera del vehículo en circulo alrededor de lo que parecía un cuerpo.

Al acercarse observo que el cuerpo era el de Juan, nervioso pregunto a los presentes si se encontraba bien, le dijeron que no, que le habían visto caer de la moto y frenaron como pudieron para no atropellarle. Pero lo terrible fue que al caer al asfalto observaron como la cabeza la tenía totalmente mirando hacía la espalda y al intentar ponérsela del derecho escucharon un crujido y desde entonces no ha vuelto a dar señales de vida.

Esta leyenda lleva circulando varias décadas y uno de sus objetivos es, intentar advertir sobre el peligro de tocar o mover a una persona accidentada, sin los conocimientos suficientes, por muy buenas que sean las intenciones que se tengan al hacerlo.