ESPECIAL HALLOWEEN 2009
En esta noche, en la que el mundo de los vivos y el de los muertos parecen entrelazarse, os dejo con estos dos relatos, que bien podian haber ocurrido, una noche tan misteriosa como esta.
UNAS CUANTAS GOTITAS

Paloma trabajaba por las tardes como dependienta en un comercio, estaba felizmente casada y tenía un hijo.
Una tarde antes de comenzaran su jornada laboral, unas amigas la llamaron por teléfono para decirle que el próximo fin de semana, iban a pasarlo en un caserón en la sierra que habían alquilado para celebrar la despedida de soltera de Marta, la cual se casaba en un mes.
A Paloma le gustó la idea de poder pasar el fin de semana con sus amigas, cosa que no hacía en mucho tiempo, y decidió apuntarse.
Llegaron el viernes por la noche (del fin de semana en cuestión), después de permanecer un rato charlando de los viejos tiempos y tomando algo, todas decidieron acostarse para reponer fuerzas para el prometedor fin de semana que las esperaba.
Paloma se despertó sobresaltada, al escuchar el teléfono sonar incesantemente -ring, ring..
Algo desorientada se levantó de la cama y cogió el teléfono de la mesita de noche. Contestó pero al otro lado de la línea no se escuchaba a nadie. A lo que Paloma insistió varias veces:
"Hola ¿quién es?", pero nadie contestó... transcurrido un tiempo colgó el teléfono y se quedó mirándolo durante unos instantes, sin darle más importancia se dirigió a la cocina para tomar un vaso de agua, una vez en la cocina, volvió a escuchar el teléfono -ring, ring...- salió apresuradamente hacia el comedor donde había dejado el teléfono antes de entrar en la cocina y sofocada cogió el teléfono.
Tampoco esta vez se escuchó nada al otro lado, Paloma algo preocupada preguntaba incesantemente -¿diga, diga?- pero nadie contestaba. A los pocos segundos la comunicación se cortó. No le dio mayor importancia pues supuso que era un fallo de la central telefónica.
No había dado ni dos pasos cuando de nuevo el teléfono sonó, rápidamente ella contestó y de nuevo preguntó ¿sí dígame?... , pero nadie contestó, aunque esta vez escuchó algo que las otras veces no había oído, se escuchaba con claridad, el sonido de un goteo -cloc, cloc...- Paloma volvió a preguntar - ¿hola, quién es?- sin recibir respuesta.
Comenzaba a estar algo preocupada, con lo que decidió llamar a la policía para explicarles lo que estaba sucediendo, pero al ir a llamar cuando acercó el oído al auricular volvió a escuchar -cloc, cloc...-.
Asustada soltó el teléfono y retrocedió unos pasos... no entendía qué estaba ocurriendo. Con miedo cogió el auricular y lo colgó, acto seguido se dirigió al salón donde había otro teléfono e intentó volver a llamar desde él, pero antes de que pudiera hacerlo, éste sonó con un timbre que ya estaba comenzando a desquiciarla -ring, ring...-
Esta vez tardó más en coger el teléfono pues lo que podría sonar al otro lado de la línea la intranquilizaba; finalmente lo descolgó y se lo acercó poco a poco al oído como sabiendo ya de antemano lo que iba a escuchar -cloc, cloc...- es lo que oyó. Aterrada lanzó el teléfono contra el suelo gritando histéricamente -¿quién es?, ¿qué es lo que quiere?- pero solo se escuchaba -cloc, cloc...- Y una vez más lo colgó esta vez entre sollozos, pero una vez colgado éste volvió a sonar, aterrada no se atrevió a descolgarlo y decidió buscar a sus amigas e irse con ellas al pueblo en busca de la policía.
Subió corriendo las escaleras que llevaba a la planta de arriba mientras por toda la casa resonaba -ring, ring...-.
Abrió el dormitorio de la novia pero no estaban en allí, sin pensarlo abrió el dormitorio contiguo en donde pasaron la noche otras dos de sus amigas y tampoco se encontraban ahí. El pánico se apoderó de ella y comenzó a gritar enloquecida pidiendo que parase el incesante timbre del teléfono, pero éste no cesaba -ring, ring...-. cogió el teléfono que se encontraba en el pasillo y antes de dejarlo descolgado para dejar de oír su timbre volvió a escuchar el sonido de las gotas que caían -cloc, cloc...-.
Comenzó a correr por toda la inmensa casa buscando a sus amigas, recorriendo cada una de las numerosas habitaciones mientras en su mente no paraba de escuchar ese tétrico e incesante goteo -cloc, cloc...-.
Una por una recorrió todas las habitaciones sin éxito, sus amigas no aparecían por ninguna parte, sólo le quedaba mirar en el ala oeste del caserón que llevaba años sin ser habitado, busco en los aposentos de ese ala sin éxito, a continuación entró en el cuarto de baño de esa misma zona de la casa, y allí estaban, sus ojos desorbitados no podían creer la dantesca escena que tenían delante. Atónita contempló cómo las sus amigas se encontraban en el interior de la bañera, apiladas unas sobre otras, habían sido degolladas. La cabeza de Marta sobresalía de la bañera y de su cuello emanaba un hilo de sangre que recorría el borde de la bañera y caía sobre el auricular del teléfono descolgado produciendo un incesante goteo.
-cloc, cloc...-
Paloma sintió como un tremendo escalofrío comenzó a recorrer todo su cuerpo, al mismo tiempo que sus piernas comenzaban a flaquear.
Pero ante esa espeluznante situación que la que de repente se vio envuelta, únicamente existía un pensamiento en su cabeza predominaba sobre el resto y el cual era - ¿Estoy sola? o ¿Hay alguien mas aquí?.
SITIO PARA UNO MAS

Mónica era una chica de 23 años, físicamente era normal, 1.60 cm, pelo largo, morena y ojos marrones, pero lo que te llamaba la atención era que estaba llena de vida, siempre de buen humor y con una enorme sonrisa en la cara, dando igual el sitio en el que estuviera o lo que estuviera haciendo, ya fuera estudiar, trabajar, estar con los amigos, etc..
Vivía en Majadahonda, de donde apenas salía, a no ser que estuviese de vacaciones, en donde prefería la costa. Un día fue invitada, a la hacienda que los padres de una amiga tenían en Jaén. Estaba bastante ilusionada con el viaje, ya que en Jaén, nunca había estado y además rompería durante algunos días, la misma rutina de siempre.
La hacienda cubrió sus expectativas sobradamente. Los terrenos, la casa, la familia de su amigas, todo era de cuento de hadas.
Por la noche, su dormitorio estaba bañado, por la luz de la luna llena.
Fuera había un camino de graba que trazaba una curva hasta la entrada principal del edificio.
En el mismo momento en el que se disponía a acostarse le sorprendió el ruido de unos cascos de caballo, en el camino de graba. Se acercó a la ventana y asombrada, vio que un magnifico carruaje antiguo, tirado por cuatro caballo negros como el carbón, se detenía exactamente debajo de su ventana. El cochero saltó de su pescante, levanto la mirada y la señaló con un dedo largo y escuálido.
Era repulsivo. Su cara era blanca como la tiza. Una profunda cicatriz le atravesaba la mejía izquierda. Tenía la nariz ganchuda.
Sin dejar de señalarla con el dedo, dijo con tono sepulcral: "¡Hay sitio para uno más!."
Entonces, mientras ella retrocedía aterrorizada, el carruaje, los caballos y el espantoso
cochero desaparecieron sin dejar rastro. El camino iluminado por la luna se quedó completamente vacío.
Mónica durmió poco aquella noche, pero con la tranquilizadora luz solar de la mañana, logró convencerse de que la imagen que había visto aquella noche, había sido una pesadilla o una alucinación causada quizás, por una mala digestión. Y decidió no contar nada de lo sucedido a sus anfitriones.
Sin embargo, para su desgracia, la noche siguiente, resultó ser una repetición exacta de la anterior.
El mismo carruaje recorrió el camino de graba.
El mismo cochero la señalo y grazno: "¡Hay sitio para uno más!". Y luego, todo el conjunto desapareció de nuevo.
En esta ocasión, totalmente aterrada, apenas pudo esperar hasta la mañana siguiente.
Dio a su desconcertada amiga una excusa atropellada y volvió inmediatamente a Madrid.
Según llego, pidió cita con su medico privado, este tenia la consulta en Madrid ciudad, exactamente en el piso 16, de un edificio en el que también había oficinas, academias, etc..
Una vez allí y con voz trémula le contó lo que había pasado, la comprensión con que el médico escuchó su relato ayudo mucho a calmarle los nervios. La convenció de que había sido victima de una alucinación peculiar.
Se rió de su terror, la beso paternalmente en la frente y la despidió dejándola con una gran sensación de alivio.
Al salir de la consulta, Mónica se dirigió al ascensor y pulsó el botón de llamada y a los pocos segundos las puertas del ascensor se abrieron.
El ascensor estaba abarrotado, pero cuando estaba a punto de conseguir entrar, como quien dice a empujones, escuchó una voz familiar: ¡ Hay sitio para uno más!.
El ascensorista era el cochero que la señalaba con el dedo, vio horrorizada su cara blanca como la tiza, la cicatriz lívida, la nariz ganchuda. Retrocedió dando un grito y las puertas del ascensor se cerraron de golpe delante de sus narices.
Un instante después el edificio se estremeció con un tremendo golpe. Al ascensor que se había ido, sin ella, se le habían roto los cables de sujeción y había caído 16 pisos.
Después de un pequeño instante de un silencio sepulcral, comenzaron a escucharse gritos provenientes de la planta baja y en ese instante Mónica volvió a escuchar esa tétrica voz: ¡Hay sitio para uno más!.
Han pasado ya unos meses de lo sucedido y Mónica todavía no ha conseguido recuperarse, en muchas ocasiones se despierta gritando en plena noche, empapado en sudor, teniendo la inquietante sensación de que está siendo observada desde la oscuridad de su dormitorio y escuchando el susurro de esa sepulcral voz, pronunciando esa macabra frase: ¡Hay sitio para uno más!.









width=185>
crazymary dijo
El primer relato del "jalogüin" me ha dejado pelín intranquila...Ahora cada vez que oiga un cloc-cloc, me voy a acordar del goteo y de la pegunta final ....¿estaré sola o habrá alguien más???...:.-P...
El segundo hasta me parece bien, fue un aviso en toda regla!!...eso es para agradecerlo, no para temerlo...vaya, digo yo...;-)
2 Noviembre 2009 | 12:35 PM