Esta leyenda, junto con Bloody Mary (EEUU), son desde mi punto de vista, las leyendas urbana mas famosas o extendidas que existen. Conozco tres versiones distintas de la chica de la curva, esta es una adaptacion, de la que creo que es, la más extendida en Sudamerica.

Este relato esta dedicado a mi amigo Juan Guerrero, persona a la que tengo un gran aprecio y de la que guardo muy buenos recuerdos de las veces que he visitado el Perú.

Trayecto: 048

Destino: Nazca (Perú)

Caso: Relato / Leyenda Urbana

Juan y Carlos salieron de Cerro Azul (un pueblo costero de la provincia de Lima) viajaban por la Panamericana Sur con destino a Nazca. Carlos era español y había decidido viajar a Perú por vacaciones para poder estar unas semanas con su amigo Juan.

Carlos contemplaba  todo el paisaje con fascinación, escuchando atento lo que le contaba Juan en referencia a los distintos pueblos por los que pasaban.

En uno de los puntos del camino se detuvieron en una pequeña  iglesia y algo llamó la atención de Carlos: en dicha iglesia se encontraba la figura de un Cristo Negro, Carlos contemplaba la figura impresionado pues nunca había visto algo semejante, estuvieron unos minutos allí y continuaron el viaje sin perder más tiempo, debido a que la noche comenzaba a caer.

A través de la ventanilla divisaron un grupo de gente con mochilas a cuestas y tiendas de campaña, Juan le explicaba a su amigo que en ciertas épocas del año, debido a todas las leyendas que en la zona de Nazca existían sobre los Ovnis muchos grupos de personas acampaban durante días en la Pampa.

A mitad del camino Carlos se percató de la gran cantidad de cruces y pequeños monumentos con nombres grabados que había en los arcenes de la carretera y aunque ya se habían encontrado con alguna cruz durante el camino, el número de ellas en ese punto era muy superior. Juan le explicó que eran un recordatorio a las personas que habían perdido la vida en un accidente de trafico en ese lugar.

Carlos sintió como un escalofrío recorrió todo su cuerpo y empezó a ponerse nervioso ya era de noche y la carretera por la que circulaban en ese tramo estaba en mal estado.

De repente al salir de una curva Carlos grito: ¡Cuidado!. Juan asustado detuvo el coche en seco y ambos se quedaron en silencio contemplando atónitos como la figura de una mujer ensangrentada era iluminada por los faros del coche.

A los pocos segundos reaccionaron, Juan salió del coche preguntándole a la ensangrentada mujer que había ocurrido, ésta sólo decía: ¡mi hijo, mi hijo está en el coche, mi hijo! señalando con la mano el pequeño barranco.

Juan cogió una linterna y se acercó al borde del mismo, distinguiendo un coche rojo en el fondo, se armó de valor y empezó a bajar, al llegar al coche vio en el interior a un niño que milagrosamente estaba ileso; continuó mirando en el interior, de repente, cambió la expresión de su rostro,  respiraba de forma entrecortada y en sus se ojos reflejaba el miedo en estado puro, en el asiento del conductor había una mujer muerta, cubierta de sangre.

No se lo podía creer era la misma mujer con la que había estado hablando minutos en la curva.

Han pasado ya unos meses de lo sucedido y Juan todavía no ha conseguido recuperarse, en muchas ocasiones  se despierta gritando en plena noche empapado en sudor preguntándose que hubiera ocurrido aquella fatídica noche si Carlos no hubiera gritado: ¡Cuidado!.